domingo, 24 de julio de 2016

UN CANTO PARA BOLÍVAR



PADRE nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire
de toda nuestra extensa latitud silenciosa,
todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:
tu apellido la caña levanta a la dulzura,
el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,
el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,
la patata, el salitre, las sombras especiales,
las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,
todo lo nuestro viene de tu vida apagada,
tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,
tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.

Tu pequeño cadáver de capitán valiente
ha extendido en lo inmenso su metálica forma,
de pronto salen dedos tuyos entre la nieve
y el austral pescador saca a la luz de pronto
tu sonrisa, tu voz palpitando en las redes.

De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?
Roja será la rosa que recuerde tu paso.
Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?
Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.
Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?
Es roja la semilla de tu corazón vivo.

Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.
Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,
y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.
Y otra mano que tú no conociste entonces
viene también, Bolívar, a estrechar a la tuya:
de Teruel, de Madrid, del Jarama, del Ebro,
de la cárcel, del aire, de los muertos de España
llega esta mano roja que es hija de la tuya.

Capitán, combatiente, donde una boca
grita libertad, donde un oído escucha,
donde un soldado rojo rompe una frente parda,
donde un laurel de libres brota, donde una nueva
bandera se adorna con la sangre de nuestra insigne aurora,
Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.
Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo.
Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.
Los malvados atacan tu semilla de nuevo,
clavado en otra cruz está el hijo del hombre.

Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,
el laurel y la luz de tu ejército rojo
a través de la noche de América con tu mirada mira.
Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
más allá de las negras ciudades incendiadas,


tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:tu ejército defiende las banderas sagradas:
la Libertad sacude las campanas sangrientas,
y un sonido terrible de dolores precede
la aurora enrojecida por la sangre del hombre.
Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.
La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,
de nuestra joven sangre venida de tu sangre
saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
"Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo".

***

Pablo Neruda (Chile)

jueves, 13 de junio de 2013





MACEO Y CHE

Junio catorce de fusil y espada,
del Centauro tremendo y de la Estrella
encendida perenne en la más bella
y poderosa frente levantada.

Fue la divinidad humanizada,
hacedora fugaz de grandes nombres,
quien engendró a la vez a estos dos hombres
que en cada siglo urdieron la alborada.

Maceo y Che. Titán y Guerrillero.
Lugarteniente, humilde, Comandante.
Carácter recio, refulgir de acero,

Médico, bienhechor, fusil tronante.
Dos almas y un amor: Patria Triunfante.
Dos tiempos y un sentido: Compañero.

***

Carlos Rodríguez Almaguer.

lunes, 1 de abril de 2013



Abril  sus flores abría (*)
                                   

    -Lorenzo Suárez Crespo  (30 marzo 2013)
 
Todos los caminos conducen a Roma…  y acá , en Pinar del Río los sábados por la noche, a la Casa de la Décima Celestino García, en esa convocatoria mágica de la música y el verso improvisado como expresión de jubileo y cubanía. Poetas que desafían las distancias como Félix López, El Minerito o acaso Juanito Rodríguez; el primero desde Minas de Matahambre y el otro desde la Meca del Tabaco, San Juan y Martínez,  unen  sus voces a los improvisadores del Ranchón en una confluencia de amor y versos.
Ha sido el mes de abril, en sus comienzos, el que  abrió sus flores para darle al Jardín de las Malaras de la Estrella de Occidente, el regalo de dos voces inmortales: Benito Hernández Cabrera (El Viñalero) y Juan Cecilio Cruz. El primero vio la luz  en aquel valle paradisíaco un día 3 de abril de 1912 mientras que Juan Cecilio Cruz, el bardo de Bahía Honda,  pueblecito costero del norte de la provincia y no menos bello, nacía un 1 de abril, pero de 1920.
Aún algo lejos de las quietas y emblemáticas aguas del Guamá donde el Ranchón, lentamente, va cobrando altura en la reconstrucción bajo el amparo de sus devotos adoradores, los amantes del guateque pudieron disfrutar de una noche plena de versos, de recuerdos y evocaciones alternando con el ritmo de los bailables.
Además de los habituales espacios de los pie forzados, las tonadas y los diálogos poéticos, se presentaron dos plegables contentivos del homenaje a  estos padres fundadores que desde la memoria colectiva,  pasando por  el fenómeno de la oralidad, ya marcan huellas indelebles en las publicaciones manuales de la Casa de la Décima en sus  Ediciones Amauta.
Tanto Juan Montano, director, como Lorenzo Suárez, promotor cultural, expresaron brevemente la importancia de estos poetas, tanto en su herencia lírica como en las virtudes de su humanismo en la condición de patriarcas.
Se les dio lectura a algunas de las malaras  y de hecho la invitación a consultar las obras de estos poetas que forman parte de nuestro  patrimonio cultural.
Nuestros versos se unieron a los de estos padres fundadores y los ecos laudatorios brotaron como homenaje.
 
Juan Montano expresó:
 
¿Benito, quién nos diría
que aún reinara  tu canto
y que vives tanto, tanto
en voz de la poesía?
Tu verso, policromía
dispuesto a todo detalle
va dibujándole el talle
al paisaje, fauna y flora
con tu verso que le dora
la agreste  silueta al valle.
 
Mientras, Lorenzo evocaba a su paisano Juan Cecilio Cruz, fundador de las Noches Campesinas en Bahía Honda.
 
Más allá del espejismo
del tiempo con su misterio,
aún  se palpa el magisterio
de tu acendrado humanismo.
Juan Cecilio, eres el mismo,
esencia de luz que emana
de tu verso y nos desgrana
en inmortal esplendor
el exquisito sabor
de la malara cubana.
 
Así despedimos la noche de este sábado en la comunidad del Reparto Celso Maragoto donde la vecindad reta el polvo de las callejuelas y el airecillo frío de invierno para reafirmar  en sus vocaciones cubanísimas que las raíces campesinas aún laten en los que, hijos de su tiempo, las añoran y defienden.
 
(*) Verso de Nicolás Guillén.

martes, 19 de marzo de 2013


CASIQUIARE 


Ciudadano venezolano,
Casiquiare es la mano abierta del Orinoco
y el Orinoco es el alma de Venezuela,
que le da al que no pide el agua que le sobra
y al que venga a pedirle, el agua que le queda.
Casiquiare es el símbolo
de ese hombre de mi pueblo
que lo fue dando todo, y al quedarse sin nada
desembocó en la Muerte, grande como el Océano.


*** 
Andrés Eloy Blanco
VENEZUELA

jueves, 3 de enero de 2013

CANTO GENERAL

Amor América (1400)

Antes que la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales:
fueron las cordilleras, en cuya onda raída
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno 5
sin nombre todavía, las pampas planetarias.
El hombre tierra fue, vasija, párpado
del barro trémulo, forma de la arcilla,
fue cántaro caribe, piedra chibcha,
copa imperial o sílice araucana.
Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura
de su arma de cristal humedecido,
las iniciales de la tierra estaban
escritas.
Nadie pudo
recordarlas después: el viento
las olvidó, el idioma del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
o se inundaron de silencio o sangre.
No se perdió la vida, hermanos pastorales.
Pero como una rosa salvaje
cayó una gota roja en la espesura
y se apagó una lámpara de tierra.
Yo estoy aquí para contar la historia.
Desde la paz del búfalo
hasta las azotadas arenas
de la tierra final, en las espumas
acumuladas de la luz antártica,
y por las madrigueras despeñadas
de la sombría paz venezolana,
te busqué, padre mío,
joven guerrero de tiniebla y cobre,
oh tú, planta nupcial, cabellera indomable,
madre caimán, metálica paloma.
Yo, incásico del légamo,
toqué la piedra y dije:
Quién
Me espera? Y apreté la mano
sobre un puñado de cristal vacío.
Pero anduve entre llores zapotecas
y dulce era la luz como un venado,
y era la sombra como un párpado verde.
Tierra mía sin nombre, sin América,
estambre equinoccial, lanza de púrpura,
tu aroma me trepó por las raíces
hasta la copa que bebía, hasta la más delgada
palabra aún no nacida de mi boca.


***

Pablo Neruda
CHILE

lunes, 19 de noviembre de 2012



-Enamorado De Palestina-

Tus ojos son una adorada
y dolorosa espina en el corazón.
Que preservo del viento,

y que clavo muy hondo,
más allá del dolor y de la noche.
Con cuya luz alumbran los candiles
y se hace mañana mi presente.
Y yo olvido al instante
-al encontrarse el ojo con el ojo-
que una vez fuimos dos
tras de la puerta.

Cantabas al hablar.

Yo intentaba también, mas la miseria
había puesto cerco a los labios primaverales.
Tus palabras, como una golondrina,
volaron de mi casa,
y nuestra puerta,
y nuestros escalones otoñales,
se fueron tras de ti,
donde quiso el deseo.

Rompiéronse también nuestros espejos,

y nacieron mil penas.
Juntamos las cenizas de la voz,
y cantamos tan solo la elegía del país.
Para sembrarla juntos
en el pecho de una guitarra,
y tocar a unas almas deformes, a unas piedras,
sobre las azoteas.
Pero yo me olvidé...
¡Oh Tú, la de la voz desconocida!
¿Fue tal vez tu partida,
o mi silencio,
lo que había oxidado la guitarra?

Te vi ayer, en el puerto,

viajera sin familia ni viático.
Y corrí hacia ti igual que un huérfano,
buscando la prudencia de los viejos:
“¿Por qué el naranjal verde
se encierra en una cárcel o en un puerto,
se esconde en el destierro,
y sigue siempre verde,
a pesar de su marcha,
a pesar de sus sales y el deseo?”...
Y lo anoto en mi agenda:
Me detuve en el puerto...
El mundo era unos ojos invernales,
y pieles de naranjas teníamos en las manos.
Detrás de mí, estaban los desiertos.

Te vi en el monte abrupto,

pastora de corderos, perseguida.
En las ruinas, tú eras mi jardín,
y yo, extraño a la casa,
golpeaba la puerta, ¡corazón!.
Sobre mi corazón alzábase la puerta,
la ventana, las piedras y el cemento.

Te vi en los cántaros de agua,

y el trigo,
destruida.
Servir en los nocturnos cafetuchos.
En los rayos del llanto y las heridas.
Y Tú eras el pulmón que me faltaba.
La voz para mis labios sólo Tú.
Tú el agua... Tú el fuego.
Te vi junto a la puerta de la cueva,
junto al laurel,
tendiendo los vestidos de los huérfanos.
En las calles te vi... En las hogueras.
En la sangre del sol...
En los corrales...
Te vi en la plenitud de las sales del mar.
En las arenas...
Buena, como la tierra,
el jazmín,
y los niños.

Y juro:

Que he de hacer un pañuelo de pestañas,
donde grabar poemas a tus ojos,
y escribir una frase
más dulce que la miel y que los besos:
“¡Que Palestina era... Y sigue siendo!”

Palestina de ojos y tatuajes.

Palestina de nombre.
Palestina de sueños y de penas.
Palestina de pies, de cuerpo y de pañuelo.
Palestina en palabras y en silencio.
Palestina de voz.
Palestina de muerte y nacimiento.
Te llevé, como fuego de mis versos,
en mis viejas carpetas.
Te llevé de alimento en mis viajes.
Y te llamé, gritando , por los valles.

Conozco los caballos de los bárbaros,

aunque cambien los campos.
Pero, tened cuidado...
Del rayo que sacó mi canción del granito.
Porque soy el ornato de los mozos
y el mejor caballero.
Yo destruyo los ídolos
y siembro las fronteras de Siria de poemas
que vencen a las águilas.
Con tu nombre grité a los enemigos:
¡Comeos, oh gusanos, mi carne si me muero!
Porque no nacen águilas
del huevo de la hormiga;
porque el de la serpiente oculta víboras.
Conozco los caballos de los bárbaros.
Pero también
-y antes –
que yo soy el ornato de los mozos,
y el mejor caballero.

*****

Mahmud Darwish

lunes, 1 de octubre de 2012



HOMENAJE
                  
 por Lorenzo Suárez Crespo
 
 
Esta jornada de sábado en  la Casa de la Décima Celestino García de Pinar del Río, en vísperas del 30 de septiembre, devino en sentido homenaje a uno de los poetas líricos más importantes de Cuba y de hecho uno de sus más célebres repentistas en su condición de patriarca y mecenas en los vitrales de la estrofa mágica que él mismo bautizara como Viajera Peninsular. Nos referimos a Jesús Orta Ruiz, El Indio Naborí.
Su dechado humano y lírico, pero sobre todo la defensa de las raíces campesinas a través de la bella estrofa de los diez versos octosílabos, hizo que se proclamara, coincidiendo con su fecha de nacimiento, El Día Iberoamericano de la Décima, consenso acuñado en 1998 en Canarias durante un evento teórico y de repentismo.
Muchos son los calificativos de los cuales se ha hecho acreedor en su condición de patriarca y maestro en los derroteros de su creación,  magisterio poético y  sabias enseñanzas, pero sobre todo nos deja al presente y al futuro un ejemplo de talento, carisma  personal y profunda espiritualidad.
En horas de la tarde a orillas de las quietas aguas del Guamá y bajo el ranchón donde reinan los octosílabos  al ritmo de las cuerdas, los niños y jóvenes de los talleres de repentismo tuvieron sus espacios de reconocimiento al bardo decimero que los había convocado con respeto y admiración.
Juan Montano, director de la Casa de la Décima, ofreció un conversatorio sobre el Indio Naborí donde destacó no solo sus dotes de repentista, sino de promotor, consecuente defensor del folclor campesino y excelente poeta en otros matices de la poesía como poemas y sonetos donde su pusieron de manifiesto sus romances, epigramas  y obras patrióticas proclives a la ferviente declamación; excelente poeta además en los temas elegíacos.
Los niños y jóvenes hicieron gala de sus improvisaciones y diálogos poéticos.
En horas de la noche, como se ha hecho habitual en el Parnaso, fluyeron los espacios que sábado a sábado se disfrutan por la comunidad, músicos y repentistas.
Después del tema musical que identifica al Ranchón, los poetas fueron pasando por el escenario para, acompañados de las cuerdas, rendir homenaje a Naborí en el 90 aniversario de su natalicio.
En el paréntesis literario Lorenzo Suárez Crespo hizo alusión a los nuevos textos recibidos desde  México y su Frente de Afirmación Hispanista con selecciones poéticas y la revista Norte.
La ocasión fue propicia además para presentar el libro El retorno del quinto mago, Naborí, vida y obra, volumen tan interesante como necesario para adentrarnos en la sensibilidad humana del poeta y su vasta creación lírica; texto adquirido en la más reciente Fiesta Cucalambeana de Las Tunas y que desde ahora estará a la disposición de nuestros lectores. La autora fue su propia hija Alba María.
Adriel Ceballos Delgado, uno de nuestros jóvenes poetas, deudor del bardo de Juanelo, se inspiró en su recuerdo para cantarle:
 
Viajera Peninsular
In Indio te bautizó
Y en diosa te convirtió
Sin ponerte en un altar.
Hecha de viña y pomar
Desde la infancia te vi
Y los poetas de aquí
Te han tejido bella alfombra
Para encontrar en tu sombra
Los ojos de Naborí.
 
La alegría de todos fue compartida por una visita que nos enorgullece y que nos tomara por grata sorpresa: el profesor Juan Silvio Cabrera, de la Universidad pinareña y la profesora argentina Roxana Walton.
Ambos visitantes elogiaron sensiblemente esta fiesta campesina de tan noble empeño en la defensa  de nuestras raíces de pertenencia e identidad.
Los siempre gustados momentos del pie forzado, el piropo cantado y los diálogos poéticos amenizaron la noche donde no faltaron los divertidos bailables.
Fue un sábado naboriano con sabor a versos, a música y repentismo que deja en los protagonistas la impronta de un ranchón donde, como dice un viejo lema del Programa Palmas y Cañas, también nace lo cubano.
Ponemos a disposición de  nuestros lectores el repertorio que atesoramos de poetas que le han cantado a Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí y que permanecerá abierto para recibir a todos aquellos que deseen enviarnos sus obras.
 
                     HOMENAJE
 
A JESÚS ORTA RUIZ, EL INDIO NABORI.
(30 Septiembre1922- a 2005)
 
 
                                                                  
 
           FREDO ARIA S DE LA CANAL
          -Frente de Afirmación Hispanista,
               Ciudad México. México. 
             
           -Amigo Lorenzo:
   Ya se nos fue Naborí
    a los prados del
 Parnaso
    donde no estará de paso
    pues su morada está ahí.
    Quiero decirte otro sí
    que tenemos en la tierra
    con ganas de mucha guerra
    a un matancero (*) de rara
    afición a la malara
    que su gran talento encierra.
 
(*)-  Se refiere a Francisco Henríquez
 Premio José  Vasconcelos y director
 de Carta Lírica. Poeta y promotor 
de la décima malara en Hispanoamérica.
 
 
        FRANCISCO HENRÍQUEZ
   -Unión de Reyes, Matanzas, 1928
         A Jesús Orta Ruiz, (Naborí)
           
1. -Una mañana del mil
novecientos veintidós
vino a la tierra de Dios
este trovador gentil.
Creció en el bello pensil
del lirismo de La Habana,
y desde aquella mañana
que en el empíreo destella
tuvo más fulgor la estrella
de la décima cubana.
 
2.- Este treinta de diciembre,
de este año dos mil cinco,
debe ser el alto brinco
que eternizado lo siembre.
Mas el treinta de septiembre,
cuando a la vida llegó,
será el punto en que partió
para dar el bello salto,
y poner la gloria en alto
con todo lo que nos dio.
 
3.- Como quien ama una hurí,
quiso con su fértil estro,
a ese octosílabo nuestro
––mezcla de sol y rubí––.
Y se volvió Naborí
del caribeño solar;
lo extasió rumor del mar
indio, llamado Caribe,
y fue dueño del aljibe,
del arroyo y del palmar.
 
       4.-
De la mano de su lira
la décima fue canción,
que se fue del barracón
sin dejar de ser guajira.
Ya ningún vate la mira
como silvestre despojo,
y con su mejor arrojo
visita el gentil palacio
bajo velos de topacio
y con su pañuelo rojo.
 
5.-
 La lírica trayectoria
del genio de la espinela,
siempre será luz y escuela
en el plantel de la historia.
Porque para darle gloria
con esencia universal,
la sacó del arrabal,
le pulió formas y talles,
y la paseó por las calles
limpias de la capital.
 
6.-
Igual que El Cucalambé
vivió junto a su Rufina,
Naborí tuvo a Eloína
––fuente de infinita fe––
Por toda su vida fue
regando su culto verso,
y es ya luminoso anverso:
la inefable llamarada
que ilumina la portada
del libro del universo.
 
 
REYNALDO GIL GONZÁLEZ
      -Limonar, Matanzas, 1944.
 
Cuando busco la verdad
voy a tu templo, Jesús,
entro, perdono y la luz
desmiente la oscuridad.
Los que aman la honestidad
no son pobres ni son viejos.
Yo, respirando consejos,
hago que mi verso encuentre
la voz del Maestro entre
El reloj y los espejos.
 
FRANCISCO PEREIRA NÚÑEZ
-Chanchito-Nueva Paz , Habana, 1948
 
Mi verso viene de allí
del surco y del camellón
como una continuación
de Valiente y Naborí.
De Pablo León bebí
sus licores tropicales,
esas noches musicales
que si el laúd lo provoca,
se le asoman por la boca
los mogotes de Viñales.
 
RAMÓN ESPINO VALDÉS  
-Ramón Espino Valdés
 (Mongo Petaka), Las Tunas, 1956.
 
Moras siempre en la espesura,
reverdeces las sabanas
y en las décimas cubanas
cabalgas por la llanura.
Ya tu encumbrada estatura
es eterna, Naborí;
seguiremos tras de ti
por mar, nube, río y viento
procesando el pensamiento
que adquiriste de Martí.
 
DAVID ALARCO HINOSTROZA
-Lima, Perú.
 
No te fuiste, ángel de estío,
moras siempre en la espesura
de la más tierna ternura
nacarada del rocío.
Enmiendas el extravío
del impulso y frenesí,
flores frescas de alelí
ofreces a la esperanza,
mientras tu cuerpo descansa
en paz, Indio Naborí.
 
JESUS GARCÍA GONZÁLEZ –Tuto-
-Unión de Reyes, Matabzas, 1954
 
Yo, que fui para el guateque
brillante como un lucero,
ya gasté todo el dinero
que me dieron en un cheque.
La historia me inventó un trueque
entre Pedro y Naborí
y aunque ahora me ves aquí
con todo lo que te doy,
ya yo no sé lo que soy
por no acordarme quién fui.
 
 PEDRO A. PÉREZ
               -Holguín, 1950-
 
De luto se viste el cielo,
pero con su trayectoria
Naborí dejó en la historia
sus huellas claras. El suelo
feliz las guarda. No hay vuelo
que recorra el esplendor
de su lirismo. Calor
disperso en cada espinela.
-Fue el Maestro, y es la escuela
del bardo improvisador.
 
HECTOR GUTIERREZ JIMENEZ
--Catalina de Guines, Habana, 1977
 
Yo quiero que Naborí
pueda volver al concierto
para que después de muerto
sepa que es un Dios aquí.
Que siga siendo rubí
aún con oscura mirada,
que la Patria emocionada
le dé el tiempo en que se abriga
y que Eloína le siga
acomodando la almohada.
 
AMBROSIO ROBAINA ROBAINA.
-Consolación Del Sur, P. Río, 1938
 
Cómo olvidar al poeta
delicado y amoroso,
improvisador virtuoso
que siempre tuvo una meta.
Todo aquel que lo interpreta
en lo espiritual, lo  humano
siempre lo siente cercano
en la comarca sitiera
al ondear de la bandera
bella del  punto cubano.
 
   YOSVANY DÍAZ MARTÍNEZ
          -Sandino. Pinar  del Río.
 
Vuela el alma por Jesús
Orta Ruiz que en el sendero
del verso se hizo lucero
y nos bañó con su luz.
Un poético capuz
hoy cubre su  anatomía
y quiso la muerte fría
encerrarlo sin motivo,
pero Jesús sigue vivo
dentro de la poesía.
 
BERNARDO PUENTES SIERRA
     -Bahía Honda, P. del  Río, 1935
 
Murió el Indio Naborí
que fue el poeta más grande
y siento cómo se expande
la décima que hay  en mí.
Puedo decir desde aquí
que fue maestro y escuela
y su imagen se revela
en otras constelaciones,
porque a distintas regiones
hizo llegar la espinela.
 
JUAN FELIPE PAJÓN
 -La Mulata, P. Río,  l949
 
Unas veces te busqué,
otras veces fue casual
porque tú eras mi ideal
en mis versos y en mi fe.
Como siempre te admiré,
Jesús Orta, Naborí,
quise graduarme de ti
y por ser mi  preceptor
como el ejemplo mayor
siempre vivirás en mí.
 
JUAN  MONTANO CARO
-Mantua, P. Río, 1952
 
Por tu gloria, Naborí,
abre sus puertas  el cielo,
gratitud de limpio  vuelo
con devoto frenesí.
Si la Patria vibra así,
vibra en ella el verso mío.
Por eso no habrá vacío
y por tus ricas facetas
sigues vivo  en los poetas
de todo Pinar del Río.
 
JOSÉ LORENZO DELGADO
     -Punta de Palma, P. del Río,1939
 
Jesús Orta, Naborí
gloria de nuestra espinela,
siempre aprendiste la escuela
literaria de Martí.
Cuando tu obra leí,
maestro imperecedero,
vi iluminarse el sendero,
porque tu obra, Jesús,
se fue repartiendo luz
de amor por el mundo entero.
 
EUGENIO VICENTE LEÓN
   -Puerta de golpe. P. del  Río, 1928
 
Jesús, estás a este suelo
profundamente enraizado,
pues no te ha desalojado
la guardia rural del cielo.
De las campanas del suelo
el adiós desoirás,
insatisfecha quizás
la muerte ha de resignarse.
Al ángel pudo llevarse,
al progenitor, jamás.
 
MANUELA  PADILLA
 -Bahía Honda, P. del Río, 1944
 
Decir Indio Naborí
es  hacer que el amor suba
por los predios de mi Cuba
en alas de un colibrí.
Hoy lo sentimos aquí,
no es verdad que se haya ido.
La muerte nos ha mentido,
porque lo siento presente,
jamás podrá estar ausente
el poeta más querido.
 
CÁNDIDO ARRONTE MARGOYES
-Minas de Matahambre, 1928
 
Pienso que el Cucalambé
la vistió de guayabera
para que  en rimas tuviera
caña, tabaco y café.
Toda esta reliquia fue
atesorándose aquí
y al vuelo del colibrí
con aire renovadores
fue vestida con las flores
líricas de Naborí.
 
JUAN FRANCISCO ZAMORA
       -Guane.  Pinar del Río.
 
Por el  Indio Naborí
están tristes las palmeras
y en todas las cordilleras
no florece un alelí.
El vuelo del colibrí
ya no tiene agilidad
y por la celebridad
de sus múltiples aristas
hay luto en los repentistas
del campo y de la ciudad.
 
LORENZO SUÁREZ CRESPO
  -Bahía Honda. P. del Río, 1943
 
Viajera Peninsular,
cuánto dolor has sufrido
por el Padre que ha partido
a la región estelar.
Siempre que voy a buscar
lo que contigo aprendí
vienes   a mi lado y
con los versos de alto vuelo
llegan   ángeles del  cielo
evocando a Naborí.
    
JOSÉ MIGUEL MEDEROS
   -Bahía Honda, P. del  Río, 1933
 
El Parnaso está de luto,
flota triste la bandera
y en el campo una sitiera
extraña el más noble fruto.
El destino, irresoluto,
hirió  a la fértil raíz
del verso, pero un mentís
niega la muerte, el olvido
y en el clamor más sentido
llama a Jesús Orta Ruiz
 
ERASMO IZQUIERDO ACOSTA
    -Las Terrazas, P. del  Río, 1962
              
La décima, fragmentada,
perdió un jirón de su vida
cuando la muerte, atrevida,
jugó una mala pasada.
Fue una mortal estocada
que jamás yo comprendí
y al troncharse ese alelí
que era el poeta mayor,
Cuba llora en su dolor
la ausencia de Naborí
 
JUAN ANTONIO DIAZ
-Consolación del Sur, P. Río,  1970
 
Ojalá se repitiera
aquel momento de miel
aunque otra vez el cartel
en el techo no estuviera.
Que esté limpia la solera,
que vuelva el pasado urgente
y me permita Valiente,
sin penas y sin sonrojos,
cantar de frente a los ojos
de Naborí nuevamente.
 
ANDRÉS G. GARCÍA RODRÍGUEZ
        -San Juan y Martínez, 1952
 
Jesús Orta, tu jardín
con esencia yo taladro
para que estés en un cuadro
que pinta Guayasamín.
Bolívar y San Martín
van contigo de la mano
y tú, maestro martiano,
con estirpe y decisión
vives en el corazón
de todo el pueblo cubano.
 
PORFIRIO VALDÉS ÁLVAREZ
     -Bahía Honda, P. del  Río, 1927
 
Cuando supe que había muerto
el sucesor de Espinel,
las calles de San Miguel
se volvieron un desierto.
Lo fui a buscar al concierto,
pero no lo encontré allí.
Claro, porque Naborí,
hombre de tan limpia historia
tiene que estar en la gloria
con Homero y con Martí.
             
ROBERTO  LEZCANO ASCANI0
-San Luis, P. del Río, 1927.
 
Yo soy guajiro y nací
entre llanos y montañas
y con la miel de las cañas
rápidamente crecí.
Cantando con Naborí
muy pronto logré ascender,
muchas glosas aprender.
También me dejó un sinsonte
y en lo más bello del monte
la luz del amanecer.
 
 
LEANDRO CAMARGO
- San Cristóbal, P. Río, 1987
 
Yo quiero gozar la suerte
de poder cantar contigo,
que tú seas el amigo
bondadoso, firme y fuerte.
Quiero que acabe la muerte,
que regrese Naborí
y que pase por aquí
para tenerlo cercano
y poder darle en la mano
el beso que no le di.
 
ADRIEL CEBALLOS DELGADO
-San Juan y Martínez, 1985
 
Viajera Peninsular
In Indio te bautizó
Y en diosa te convirtió
Sin ponerte en un altar.
Hecha de viña y pomar
Desde la infancia te vi
Y los poetas de aquí
Te han tejido bella alfombra
Para encontrar en tu sombra
Los ojos de Naborí.
 
SINDY MANUEL TORRES
-Consolación del Sur, P. Río
 
Naborí, canto de espuma,
Rumor de palma y de río
Con un olor a bohío
Más que con tinta en la pluma.
El olvido no se suma
A su larga caravana,
Porque esta Cucalambeana
A estar presente te obliga
Para que tu verso siga
Bebiéndose la mañana.
 
Obsequio: Casa de la Décima
Celestino García
Pinar del Río